Seis y cuatro ojalá fuera un seis seis, un par o algo que pueda llenarme la cabeza de exactitud y voz. La realidad es que no sé dónde estoy, aunque apostará y dejará todo a la suerte no me encontraria, aunque me arriesgará y viajará él no estaría, pero es qué ¿Cuando lo ha estado? Díganme cuando, porque después de lanzar un par me levanté y fui a su casa, fui a buscarlo, fui y abrí mi corazón, aunque él de sobra solo mereciera ignoró. Estoy condenada a enamorarme por apatía, de amores "pasiones" que se vuelven trizas por permitir y negarme pero seguir ahí, aguantando, hiriendome con mis pedazos.
Tal vez cargo con el peso de los dados, del destino que en algún momento fue, de esa soga en el techo del patio. De los recuerdos de Alejandro y el arte, de mi ignorar y malestar. Al final sufrió solo y de sus pinturas solo quedó aquel recuerdo, aquella emoción de impresion y es donde noto que corro tras un sueño que inicialmente era de él, que ahora lo habito sola y que él jamás podrá vivirlo. Sueño las calles y queda el con su Longboard, los roces y las carreras por la Av Santander, su sonrisa, su mirar. Queda el decirle que se puede seguir, que voy a estar ahí, que merecía llegar a Bellas Artes, ser el mejor artista y ganarle a todas las luchas que no le correspondian. Salvarlo de este mundo.
Siete tres debo entender, que debe irse, que mi destino no está en lamentarme esperando en el sofá tras realizar tres llamadas que no llegan a ninguna parte y es que no van, es que él no está y no ha estado. Me asusta que en algún momento pasé igual que al irme por completo terminé lastimandose. Que quede con el recuerdo de odio, del no querer verlo, de estar rota, de pensar que lo único que ahora me pone mal es él, que no sepa quitarme esa maleta y que de alguna manera los mismos sentimientos le pasen a él.
Me hace sentir tan pequeña como si tuviera 17, como si me permitiera amar y lo que recibiera fueran historias mal contadas, discusiones insuficientes y una gran melancolía. Quería volver ahí, quería sentir mariposas borrachas, quería vivir, sentir, enredarme en su cabello y en muchos libros. Ya no tengo 17, ya no. Las cosas buenas no volvieron y las malas permanecieron, jamás dejaron de quemarse en ese cenicero. En la vida tuve dos grandes accidentes uno fue en la moto al fracturarme partes del cuerpo y el otro fue al quedarme.
Necesito un tres tres para alejarme de una maldita vez. Necesito responsabilizar al destino o a mi. Necesito irme, necesito salir de la incertidumbre. Al querer salvarlo, me estoy ahogando y lo único que estoy haciendo es posponer lo inevitable, cuando el de sobra se ha ido, y yo sigo esperándolo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario